
Voces de un pueblo
un podcast producido y editado por enjaque
En diciembre de 2020, ya con nueve meses de pandemia en Argentina, huí de Buenos Aires con mi novia y nuestra perra y me instalé en un rincón de La Patagonia. El pueblo donde hoy vivo, Villa Lago Meliquina, es una aldea de montaña que está ubicada 40km al sur de San Martín de Los Andes, que empezó a lotearse a mediados de los 70 y que recién 20 años más tarde recibió a los primeros pobladores. Sin embargo, todavía hoy, junio de 2024, no cuenta con ningún tipo de servicio público: carece de agua potable, gas natural, red eléctrica, recolección de residuos y señal de celular.
Según el último censo, hoy viven de forma permanente un poco más de 400 personas. La gran mayoría llega escapando de las grandes ciudades y buscando una mejor calidad de vida y, entre ellas, se esconden un montón de historias que vale la pena escuchar. Así que cargué el grabador en la mochila y me acerqué para que me cuenten en primera persona cómo es para ellos vivir alejados de la civilización y envueltos en un paraíso natural. ¿Qué buscan en este lugar? ¿A qué le temen? ¿Extrañan algo de la vida citadina? ¿Cómo se imaginan el pueblo dentro de 30 años?


Desde El Pedrero

Dr René Favaloro

Villa Lago Meliquina - Neuquén
En esta primera temporada quise conocer a Lola, una nena que llegó desde Rosario junto a su familia antes de cumplir un año y que, desde entonces (en octubre cumple diez), se cría rodeada de animales, de ríos y lagos y de lo que más le apasiona: las flores. A Mariela y Agostina, dos santafesinas que hace cuatro años se alejaron de su ciudad natal para vivir en suelo patagónico: pusieron un almacén y construyeron cabañas para alquiler turístico. En marzo de este año ampliaron su familia y tuvieron a Felipe, su primer hijo.
Quise conocer también la historia de Fredy, que se crió en San Martín de Los Andes pero que vive en el pueblo desde el 2001 y es creador de una de las cervezas más ricas y más premiadas del país. Y por último me encontré con Gustavo, que conoció Meliquina en 1976, cuando llegó de mochilero. Con apenas 19 años se enamoró del lugar y compró un terreno. Entre idas y vueltas se instaló definitivamente en 2002, fue el primer Bombero Voluntario del pueblo y jamás se quiso alejar.





























