Hágalo mil veces
- 13 abr 2024
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Actualizado: 23 abr 2024
Sea preciso en los movimientos, soporte las patadas sin enojarse (no es algo personal en contra suyo), tolere el llanto desencajado; aunque no lo recuerde, es un lenguaje que usted ya ha practicado. Finja demencia y siga como si nada pasara. Saque con suavidad los botones que abrochan la ropa y tenga especial cuidado para no enganchar el broche que aun conserva lo que queda de su cordón umbilical secándose. No lo mire con asco, más bien admírelo; fue durante meses el puente de alimentación y oxígeno entre su hija y la madre. Aproveche los segundos de calma y cancherée normalidad. Respire ahora los desechos que sobrevuelan la habitación y sépase, de todas formas, un hombre afortunado.
Unte sobre algodón ese producto blanco que aun no sabe exactamente cómo se llama, si calcaleo o calcareo, y páselo con determinación pero no sin delicadeza por la piel sensible de su bebé.
Envalentónese y confíe en sí mismo al detectar tan rápido el sentido en el que se coloca el pañal; no se quite méritos. Sujete los amarres de manera que queden firmes pero no los apriete demasiado; busque el punto medio.
No importa si el pis y la caca no alcanzaron el pantalón, escoja una muda de ropa nueva. No insista, tiene un cajón lleno; ella no es usted.
Antes de alzarla, sumerja la nariz en el hueco que se forma entre el hombro y el mentón. Respire con los ojos cerrados el perfume de la vida y sonría.
Por último, levante con calma a su hija y recuéstela sobre su pecho. Respiren juntos, sépanse a salvo, contágiense paz.
Repita el proceso al menos tres o cuatro veces al día. Notará, indefectiblemente y con entusiasmo, el progreso.


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