Crece
- 1 jul 2024
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Esmeralda se alimenta y crece. Muta a pasos agigantados y si me distraigo con banalidades, puedo perderme detalles que no volveré a ver jamás. Día a día se consolida mientras pierde la fragilidad con la que llegó a casa; se hace cada vez más robusta y más hermosa. Descubre matices del entorno que la rodea y demuestra interés por los hilos de una cortina que tejió su madre o por el tren de luces que cuelga del cuadro frente a su cuna. Reconoce las extremidades de su cuerpo y se entretiene degustando su mano derecha; me molesta que no sea zurda como yo. De a poco empieza a manifestarse: vocifera quejas, inventa ademanes y nos persigue con la mirada. Desprende a la vez un perfume muy propio y ya sus bostezos provocan los nuestros.
Cuando la angustia la sorprende al despertarse de una siesta larga, suelta un murmullo y nos tiene ahí, espantándole los fantasmas de la soledad. Es entonces cuando abre grande sus ojos, contempla los nuestros y algo en ese encuentro le da tranquilidad. Yo me siento alguien importante; nos da entidad, nos veo vistos por ella. Somos nosotros, quiero decir, los que empezamos a nacer en su mundo fértil que hoy cumple dos meses.



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