Hoy
- 29 abr 2024
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Abrí los ojos y bostecé. Un café con leche se enfriaba en la cocina. Apoyé adrede el pie derecho al bajar de la cama. ¿Vale? Contemplé el sol por la persiana y me alegró volver a verlo. Con excesivo esfuerzo, destapé un frasco de mermelada casera. Unté el dulce de durazno sobre la manteca. Me abroché el cinturón y prendí la radio. Felices 98 años a la radio! Un Volkswagen se me coló en el peaje. Saludé a mi vieja con un beso y me deseó suerte. Caras largas en el tren. Me senté en Caballito. Corrí y alcancé el subte en Plaza Miserere. Me desorienté al salir a tierra; siempre me pasa. Leí la Soka Gakkai en una plaza. Acepté un vaso de agua, hablé con un nuevo conocido, le dejé un sobre y me fui. Como un turista, caminé parsimonioso por la 9 de Julio y disfruté el calor del mediodía. Entré a un local a preguntar el precio de algo que no iba a poder comprar. El colectivo llegó casi vacío. Leí un poco y dormité contra la ventana. En el chino me robé dos pancitos y compré una palta a un dólar. Besé a la mujer que amo. Un chofer del 106 no me abrió por tener a la chihuahua. Su colega, que llegó junto a él, sí. En el semáforo se la mostré por la ventana al chofer mala onda y le sonreí con arrogancia. Cuando bajé, le agradecí al buena onda con el pulgar hacia arriba. Camuflé a la perra al subir al próximo colectivo para evitar otro bondi. Mastiqué rabia al ver un auto bloqueando una rampa para discapacitados. Tuve ganas de quebrarle el espejo pero solo le escupí la manija de la puerta. Me juré no ser tan cagón la próxima vez. Saqué a pasear a la perra de mi hermano; meó y cagó como un humano. Junté la materia fecal antes de que se enfríe. Llamé a mi tía Rosa para saludarla por su cumpleaños 85 y me entristeció que no me atienda tan alegre como siempre. En diez días la operan del corazón y está asustada. ¿Quién no habría de estarlo? Va a salir todo bien porque es una leona. Mi abuelo me contó una historia que ya escuché mil veces, pero lo oí y le pregunté boludeces como si fuera la primera vez. Le extendí la mano para ayudarlo a bajar de la camioneta. Nostalgia del presente me dio su piel estirada y sus lunares. Al llegar a Lujan, me apuré y salí a caminar con los últimos rayos de sol. Lupita corrió a lo teros y los teros nos corrieron a los dos. El cielo anaranjado fue un obsequio. Volví a casa y me senté a escribir.



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