Arrebato en el subte
- 30 abr 2024
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En el vagón de al lado se oyó un tumulto. Me desentendí del texto que leía y estiré el cogote para ver cómo dos pibes se insultaban en la cara. Muchos ojos los miraban pasivos pero sospeché que, como yo, disfrutaban estar viendo algo distinto durante un viaje siempre tan. Al parecer, uno de los protagonistas – a quien llamaremos A – habría intentado punguear a B, metiéndole la mano en el bolsillo de la campera. A hizo todo mal: fue tosco en sus movimientos y torpe para elegir el momento. Era exacto mediodía, el subte a medio llenar. Cualquiera de nosotros lo hubiera intentado en hora pico, como es aconsejable para este tipo de prácticas.
Mientras intercambiaban ofensas, un plateista – parado en el fuelle que une los vagones - los estimulaba a pelear y reclamaba justicia al grito de: “Si se pasó de vivo, daselá, amigo”.
El acusado se mostraba indiferente a las ofensas de la supuesta víctima. – Bajate acá, tomatelá - le ordenó B, con los dientes apretados. A lo ignoró, siguió masticando chicle y mirando un punto fijo del vagón. En Castro Barros se bajó y detrás de él también bajó B, que volvió a increparlo desde la espalda mientras se acercaban a la salida; A, impávido. Acto seguido las puertas del subte se cerraron mientras algunos todavía intentaban espiar por las ventanas. Avanzamos hasta Loria en silencio y con la amarga sensación de que nos habían arrebatado a todos, el final de un cuento.



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