El milagro
- 1 jul 2024
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Por alguna razón que desconoce, a veces cree que no tiene todo.
Entonces, la mujer que ayer le provocó un llanto de risa por un comentario preciso durante la cena, lo despierta; es la misma que construye a diario el primer y mejor mundo que su hija habitará jamás.
Ignorando su fortuna, baja las escaleras en puntas de pie y enciende una hornalla. Huele el perfume del café y, aun así, no nota su suerte.
Se encuentra con amigos y se abrazan. La ansiedad por salir a jugar lo inquieta y se mueve para espantar el frío.
Corre, se agita y transpira. Por eso se saca la campera y siente una brisa que lo reconforta pero, ni siquiera entonces, intuye tenerlo todo.
Trepa por un sendero y se fatiga. Bebe agua fresca. Salta un tronco, esquiva raíces. Padece un ardor punzante en las piernas, el pecho y la garganta; vive. Por eso descansa en un árbol tumbado y una lámina de sol que se filtra en el bosque le acaricia los ojos. Tritura una almendra y percibe la cremosidad de una barra de chocolate blanco dispersándose en el paladar.
Se recompone, o al menos eso quiere aparentar, y se lanza de nuevo a la carrera. Hunde los pies en la nieve y el frío le perfora las medias. Identifica a un fotógrafo y fuerza una sonrisa que no consigue. Pero, al levantar la vista, la inmensidad lo encandila y, quizás ahí, empieza a sospecharlo.
Ahora baja con torpeza por un pasillo de lodo imitando huellas. Sumerge los pies en el fango y sonríe con picardía adolescente, mientras intenta mantenerse en pie sujetándose de cañas; no evita caer al barro. Junta tierra húmeda en ambas manos y se pintarrajea la cara; no recuerda la última vez que se divirtió así.
Se sorprende al estar nuevamente en el pueblo, a metros de la llegada, con calor primaveral. Amigos de esta época lo reciben y lo arengan con su nombre. Alguien le cuelga una medalla pesada y le sirve un guiso caliente que consume a cucharazos. La mujer que lo despertó a la mañana lo espera con una sonrisa y lo envuelve en sus brazos. Distingue el olor de su piel. Inhala profundo; reconoce, por fin, el milagro.



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